La suma de libros que leí buscando calmar esa sed-que-no-sé-bien-de-donde-me-viene, me enseñó que los extremos nunca son buenos. Cuando soy muy idealista, no concreto. Cuando estoy absorbida en lo concreto sin poder desprenderme para mirar hacia dónde voy, tampoco. Todo se sintetiza en una palabra, equilibrio, que virtud tan escasa y poco innata.